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RA unico creador

 

 

 

 

 

 

 

Al principio estaban las aguas del Caos...

 

 


Imperaban las tinieblas y el silencio, pero en la profundidad del abismo de las aguas estaba el espíritu sin forma del Creador, padre y madre de todas las cosas...
Según una leyenda, un pilón de tierra se alzó por encima del Caos, tal como parece que Egipto se alza por encima de las crecidas del Nilo menguando con el calor del verano. Este pilón fue la primera tierra y por fín había un lugar dónde el Creador podría tomar cuerpo. Bajo la forma de un Fénix de plumas llameantes, el Creador descendió sobre el Montículo Primitivo y su grito fue el primer sonido que rompió el silencio eterno.
Otra leyenda cuenta que ocho criaturas con cabeza de ranas y de serpientes recorrian las aguas del Caos antes del comienzo de los tiempos. Eran los Ogdoad: Nun y Nunet, divinidades del abismo acuoso; Heh y Hehet, divinidades del espacio infinito; Kek y Keket, divinidades de las tinieblas; y Ammon y Ammonet, divinidades del mundo invisible.
Estos seres misteriosos se juntaron a través de las aguas para formar un gran huevo que el Creador había de incubar.
Otros dicen que este huevo primitivo fue puesto en el montículo por una oca y su graznido fue el primero de todos los sonidos. La Gran Graznadora permaneció sentada sobre el montículo durante largo tiempo hasta que, finalmente, el huevo se rompió y salió un fénix resplandeciente. Las dos mitades del huevo separaron las aguas del Caos y así formaron un espacio donde el Creador pudo construir el mundo.
Una tercera leyenda cuenta que las tinieblas cubrían las aguas hasta que surgió del abismo el Loto Primitivo. Poco a poco el Loto Azul abrió sus pétalos y en su interior dorado apareció un dios joven. Un dulce perfume se esparció por las aguas y la luz surgió del cuerpo del Infante Divino a la vez que apartaba completamente las tinieblas del universo.
Este Infante era el Creador, el Dios Sol, fuente de toda vida; aunque cada noche el Loto se sumergía y no volvía a salir hasta el alba. Así este Loto Primitivo cerraba sus pétalos al acabar el día y desaparecía bajo las aguas. El Caos imperaba durante la noche hasta que volvía el joven Dios. Al principio de los tiempos, las fuerzas del caos no fueron vencidas por siempre, y cubrían la tierra en forma de serpientes , siempre dispuestas a atacar al Dios Sol. La guerra entre el Orden y el Caos no acabará nunca.
En Heliópolis, los sacerdotes daban el nombre de Ra-Atum al Creador y explicaban que, después de eones de soledad, escupió a Shu, el dios del aire, y a Tefenet, la diosa de la humedad. Durante un gran espacio de tiempo Ra-Atum continuó estando solo porque Shu y Tefenet se le perdieron entre las aguas del Caos. Después el Creador se extrajo un ojo de la cara y le concedió sus poderes. Proclamó al ojo hija suya, Hathor, y la envió a las tinieblas en busca de sus dos hijos perdidos.
La luz del ojo penetró las fuerzas del Caos y rapidamente encontró a Shu y a Tefenet y los llevó ante su padre. En recompensa, el Dios Sol se puso el ojo en la frente en forma de una gran cobra, la serpiente Uraeus: le prometió que tendría poder sobre sus enemigos y que, con el tiempo, los dioses y los hombres la temerían.
Después, Ra-Atum abrazó a sus primeros hijos, Shu y Tefenet, con lágrimas de alegría. Mientras los tenía entre sus brazos, les traspasó su espíritu y ellos junto con las divinidades que habrían de venir participaron de la divinidad del Creador

 

 
 

 Los Sacerdotes

El clero estaba formado por numerosos sacerdote y sacerdotisas, que cumplían sus funciones sirviendo a los dioses, de igual manera que en el palacio y en las funciones administrativas servían al faraón.

Los títulos más frecuentes son los de uab, sacerdote puro, al que incumbía desde el Reino Antiguo examinar las vísceras de los animales ofrecidos en sacrificio; el sacerdote Kherihebet, o lector, que tenía por misión leer en voz alta los textos sagrados; los sem, vertidos con una piel de leopardo, y los denominados servidores de dios, los sacerdotes propiamente dichos. Todos ellos llevaban el cráneo rasurado.

Los cargos sacerdotales estaban en relación con las funciones ejercidas en la administración del estado por sus titulares. Así, los jueces estaban al servicio de la diosa Maat, los médicos al de Sekhmet y los directores de artistas al del dios Ptah. La mujeres participaban también en los cultos, sobre todo en los de Hathor y Neith. Y al frente del harén divino de Amón en Tebas estaba la "mujer del dios", o divina adoradora de Amón, que emplazaba a su esposa celeste, la diosa Mut.

Las posesiones de los templos eran muy importantes y sus riquezas aumentaban con los regalos reales y su participación en el reparto de los botines de guerra. Las personas que estaban al servicio de los dioses y recibían su paga en especia -ya que no hubo moneda hasta época griega- eran muy numerosas.

Se conocen datos exactos, contenidos en el Gran Papiro Harris, de la época de Ramsés III. Así se ha podido establecerla siguiente relación, que evidencia la primacía de Tebas y de su templo dedicado a Amón.

 

 Ajuar funerario
Culto funerario

Libro de los Muertos

Quien quiera adentrarse un poco en el mundo del antiguo Egipto
deberá pararse a considerar las convicciones religiosas de esta
cultura, ya que sus influencias repercutieron, prácticamente en
todos los aspectos de la cultura del pueblo egipcio, dejando huella
durante las diversas épocas de su historia.
Un aspecto fundamental del pensamiento religioso del pueblo egipcio
fué su convicción de la existencia de una vida más allá de la
muerte.

El Más Allá

Una de las primeras metas perseguidas por todo egipcio, era la de
asegurarse, tanto a sí mismo, como a sus seres queridos, la vida en
el Más Allá.
Para poder gozar de la vida de ultratumba, el habitante del Valle
del Nilo debía realizar una serie de preparativos con anterioridad,
pués la supervivencia en el mundo de los muertos requería el
cumplimiento de ciertas exigencias.
La primera de ellas era la conservación del cuerpo del difunto; la
destrucción de éste suponía la muerte definitiva, temida por todo
egipcio. De ahí los esfuerzos realizados por esta cultura en el
campo de la momificación.
Igual de primordial era también, el dotar al difunto de
provisiones para el Más Allá, pués este lugar no sólo era un
paraíso, sino también, un mundo lleno de peligros. Los antiguos
egipcios creían que, aún después de la muerte, el difunto seguía
conservando las mismas necesidades que durante su vida, ya que en el
mundo de los muertos la existencia transcurría de manera similar a
la del mundo de los vivos. Para que el espíritu del difunto pudiese
seguir existiendo, era necesario pués, por un lado, proveer a la
momia de un ajuar funerario, y por otro, hacer llegar periódicamente
ofrendas al espíritu “Ka” del difunto, por medio del culto funerario.

Aunque no existen demasiados hallazgos que lo corroboren, se
sabe que los familiares solían mantener vivo el recuerdo del
difunto durante largo tiempo, haciéndole llegar peticiones a
su espíritu “Aj” (Akh). Algunos de los pocos hallazgos datan
ya de el Reino Antiguo. En este sentido se han encontrado
tanto papiros, como recipientes de cerámica, decorados con
textos de peticiones y que en su día habían contenido ofrendas
de alimentos.

 

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